“No se entiende que hayan decidido algo de esta magnitud sin razones”

La actividad ganadera ya estaba atravesando un año muy convulsionado con diferentes cuestionamientos y advertencias de intervención por parte del Gobierno nacional, ante el aumento del precio de la carne. Pero el “broche de oro” lo dio el cierre de exportaciones por 30 días que recientemente anunció el Gobierno, luego de que el presidente Alberto Fernández volviera a apuntar contra el sector por la alta inflación.
Víctor Tonelli, licenciado en Ciencias Agrarias y reconocido consultor privado en el mercado de hacienda, analizó este conflictivo escenario.

 

– ¿Cuál es tu opinión sobre el cierre de exportaciones?
– Es una medida absolutamente sorpresiva y que no tiene ningún fundamento técnico, comercial, ni de búsqueda de resolver problemas. No se entiende que hayan decidido algo de esta magnitud sin razones. Los motivos que se dan en el comunicado de prensa de la presidencia son absolutamente banales, sin ningún tipo de fuerza, reiterando que va a ser para mejorar el abastecimiento del mercado interno, pero le da mucho hincapié al control de la marginalidad en las exportaciones. Algo de lo que se habló en el último mes y sobre lo que ya sacaron tres resoluciones como para eventualmente evitarlo. Con lo cual, no era necesaria esta medida.

 

Lo peor es que se da luego de casi 30 días de negociaciones con los exportadores, con los que se había arribado a un acuerdo que no fue fácil, de volcar 8 millones de kilos al mercado a un valor por debajo del costo y que fue muy festejado por el mismo ministro de Desarrollo Productivo, (Matías) Kulfas.

 

Todo indica que esta es una medida intempestiva, que pudo haberse evitado totalmente con un diálogo constructivo entre las partes, para ver si había algo no resuelto. O sea, los resultados están claros y la Mesa de Enlace ya anunció el paro de comercialización de ganado para todo destino por una semana, dándole tiempo al Gobierno para que recapacite. Porque de lo contrario, será por el tiempo que dure la restricción a las exportaciones, ese es el espíritu con el que se analizaron los temas. Se ha generado un sentimiento de mucho enojo por parte del sector de la producción, y también de la industria y el comercio. No dejo de pensar que ha sido una equivocación tremenda que probablemente admita una reconciliación, o eso es lo que espero.

 

– ¿Considera que es una medida que llegó para quedarse?
– No lo sé. Mi expectativa es que lo reconsideren. Es un disparate y como tal ya sabemos los resultados y consecuencias, que son gravísimas y ya las vimos unos cuantos años atrás con la pérdida de 10 millones de cabezas. En fin, no voy a repetir todo lo que ya está muy dicho. Por lo tanto, ante este error, no pierdo la esperanza de que haya una recapacitación y una marcha atrás en una decisión que no aportará absolutamente nada, y además va a generar un desorden y una enemistad entre sectores que hoy más que nunca tienen que estar unidos.

 

– Se supone que el acuerdo de precios con los frigoríficos exportadores quedaría nulo ante esta noticia.
– Nadie lo sabe. Debe pensarse que, entre tantos compromisos, había mercadería que ya estaba embarcándose. Un tema, que no deja de ser anecdótico pero es gravísimo, es que costó un mes resolver cómo traer a los rabinos por la faena kosher para abastecer a Israel, que es el tercer mercado más importante de la Argentina y está trabajando a pleno. Pero las plantas cuando ayer abrieron no sabían qué decirles. Los muchachos dirán “me trajiste acá, con todo el riesgo del Covid, ¿y ahora qué hago?”.

 

– ¿A qué se debe el fuerte aumento en el valor de la carne vacuna en el último año?
– Básicamente, esto arrancó en agosto del año pasado cuando el valor del maíz, que estaba a US$ 125 por tonelada, fue subiendo gradualmente hasta alcanzar los US$ 220 o los 230 de la semana pasada. Eso hizo que la última parte del proceso productivo, que es la del engorde a corral o feedlot, dejara de ser negocio y provocara pérdidas importantes. Entonces, la mayoría de los animales que estaban para encerrarse en corral, por un período de 3 o 4 meses, para después salir a faena, se quedaron o se fueron al campo en un proceso de engorde pastoril o de mantenimiento, dependiendo del pasto. Así, se alargó enormemente, entre 8 y 12 meses, el proceso productivo.

 

Por eso, hubo este bache enorme de oferta, que frente a una demanda, que si bien no es muy firme, hay siempre un sector que puede pagarla, y eso presionó sobre los precios. Es un problema generado por un factor exógeno a todo, que es el precio del maíz básicamente, que debilitó la oferta y encontró al menos una fracción de la demanda firme, tanto interna como externa, que hizo levantar los precios. No hay mucho misterio. Pero no hubo especulación ni un crecimiento brutal de la demanda.

 

“Es un disparate y como tal ya sabemos los resultados y consecuencias, que son gravísimas y ya las vimos unos cuantos años atrás con la pérdida de 10 millones de cabezas”

 

– ¿Cuáles son tus perspectivas sobre el valor de la hacienda de cara al futuro?– Va a depender mucho de cómo quede la relación, que por ahora sigue siendo muy negativa para que los corrales efectivamente encierren de verdad. Siguen encerrando mucho menos que otros años, y por lo tanto seguirán ofreciendo menos hacienda.

 

Mientras la hacienda bien terminada, y que quiere un determinado sector de la población, sea escaza, vamos a seguir viendo precios altos. No sé cuánto es eso, porque no está medido, pero pongo un ejemplo. Se ofrecen, en total, unas 2,3 millones de toneladas para el mercado interno. Imaginate que haya un sector que esté pujando por 500 mil, 400 mil o la cifra que fuera. Pero resulta que si para satisfacer esa demanda no hay, y al que lo compra no le importa si vale 600 u 800, esa categoría puede irse un 20% arriba, convalidado por el consumidor. ¿Entonces cómo hacés para manejar eso? Es incontrolable.

 

Porque además hay una realidad, que no intenta ser una explicación económica porque no es mi especialidad, pero cuando tenés una economía en que se emite de esta manera, y tenés empresas estatales como YPF que permanentemente están subiendo el combustible, que se traslada al transporte y precios, el privado no lo puede absorber y te lo tiene que transferir. Si así, permanente, generan inflación, es impensado que por decreto y en una computadora puedan bajar los precios. A su vez, a la gente no le alcanza el salario y se lo tenés que aumentar, y eso también hace subir los precios nos guste o no. Administrar el Estado pensando que el privado va a responder a estímulos negativos, simplemente porque lo presionás cuando no le cierran las cuentas, genera que el tipo de última apague la luz, se vaya, y no le pague a nadie. Mientras que el Estado, como continúa emitiendo, sigue pagando.

 

Alguien del ámbito privado podrá trabajar a pérdida un tiempito, pero no toda la vida, porque cierran. Además de que lo primero que dejan de pagar son los impuestos habitualmente, que son tan necesarios para el fisco. (Tranquera).-