Un bien de familia: los Vassolo y el trigo candeal

* Nota publicada en La Voz del Pueblo en mayo de 2005

 

El relato de Roberto Vassolo gana intensidad segundo a segundo. Sus manos cada vez se mueven más rápido, su cara se transforma y distintas muecas maquillan las frases. Los gestos derivados de la emoción fluyen nítidos. A tal punto que en un determinado momento se le humedecen los ojos. La evocación de lo hecho por su bisabuelo, sus tíos abuelos, su abuelo y su padre lo llenan de nostalgia y de orgullo. Las tres primeras generaciones de esta familia centenaria, cada una a su manera, fueron artífices del nacimiento y del desarrollo del trigo candeal en la Argentina.

Pero la mayoría de los Vassolo entiende que sus antepasados les dejaron mucho más que una variedad de trigo. Es más, para Roberto el candeal no es más que el resultante de una forma de vida encuadrada dentro del respeto, el trabajo y los afectos familiares. “Valores que lamentablemente cada vez se diluyen más”, dice con resignación mientras selecciona con sus dedos las semillas, tal hicieron sus parientes durante las noches a lo largo de varios años, separando los granos puros de los pequeños e improductivos y los cuerpos extraños, para conseguir la lenta multiplicación de la variedad que por ese entonces, la segunda década del siglo pasado, era desconocida en el país.

La clasificación de la semilla se hacía toda a mano, durante las largas noches de invierno, por toda la familia

En 2005 se cumplen 125 años de la llegada de los Vassolo al país y 91 de la primera implantación de la variedad de trigo que finalmente se conocería como el candeal. La excusa perfecta para que Roberto, de 61 años, y miembro de la cuarta generación de una familia que ya va por la sexta, repase la historia construida por sus antecesores.

El comienzo

“Todo arranca en 1874 cuando mi bisabuelo Rafael, como tantos otros inmigrantes, decide probar suerte en la Argentina. El vivía con su mujer y sus cinco hijos, tres varones y dos mujeres, en un pueblito llamado Pietrabbondante, en el partido de Campobasso, en la región de Molise, en el medio de Italia. Se vino solo en barco, llegó al puerto de Buenos Aires y se alojó en el Hotel de los Inmigrantes.

“Allí tenía hospedaje gratis por cinco días y después, durante tres meses le pagaban 20 centavos con la condición de que buscara trabajo. Los primeros meses realizó tareas como estibador en el puerto, después fue vendedor ambulante o mercachifle. Así empezó a viajar hasta que llegó a Azul.

“Recién en ese momento pudo empezar a relacionarse con el trabajo que llevaba en la sangre y comenzó a realizar tareas en el campo. Arrancó cuidando ovejas y esquilando, hasta que en 1878 mandó a llamar al hijo mayor, Emilio, para que lo viniera ayudar porque veía que acá había mucho futuro. Juntos cuidaron rebaños, y si bien ya trabajaban en relación de dependencia y estaban mejor remunerados, era una tarea dura. Para que no robaran los lanares uno tenía que dormir de noche y otro de día”.

La expansión

“En 1880, Rafael deja a Emilio acá y se va a Italia a buscar al resto de la familia. Es un año importantísimo porque después de mucho sacrificio, tras seis años de esfuerzos, la familia se vuelve a reunir en Argentina. Entonces deciden bajar hasta Benito Juárez. Allí arriendan una fracción importante de campo y las cosas cada vez les van mejor. Hasta que en 1908, cuando se les vencía el contrato de arrendamiento, Emilio y sus hermanos Bautista y Valerio hicieron un remate de los 10.000 vacunos y 22.500 ovejas que tenían. Fue un evento muy importante, inclusive llegó un tren desde Buenos Aires. Y con el producido de esa liquidación de ganado adquirieron el campo El Médano, de 1880 hectáreas, ubicado en el cuartel de Orense, y Tres Lagunas, a pocos kilómetros de Tres Arroyos, compuesto por 2530 hectáreas”.

El desafío

“En 1914 Emilio consiguió un puñado de trigo de una variedad que la familia conocía de Italia, que se llamaba ‘sarabola’, que acá nadie sabía de su existencia. Según recuerdo de haber escuchado a mi padre, el manojo lo introdujo el señor Chiacchio, que también lo sembró en una quinta de acá. Los Vassolo lo sembraron en El Médano, y tuvieron que tomar todas las precauciones posibles, porque eran muy pocos granos y si se perdían no había vuelta atrás. Eso fue lo que le pasó a Chiacchio, que no pudo cosechar nada porque lo perdió entre los pájaros, los insectos y los animales. En cambio, Emilio lo sembró en el medio del campo, en un lote sembrado con otra variedad. Y así comenzó una lenta, pero firme y ardua siembra, buscando la cantidad necesaria de kilos que les permitiera poder realizar una siembra extensiva”.

“En 1914 Emilio consiguió un puñado de trigo de una variedad que la familia conocía de Italia, que se llamaba ‘sarabola’, que acá nadie sabía de su existencia. Lo introdujo el señor Chiacchio, que también lo sembró en una quinta de acá”

“En 1917, año en que falleció Emilio, los hermanos llegaron a conseguir 90 kilos, en una multiplicación lenta. Mi abuelo y mi papá, contaban con orgullo que la clasificación de la semilla se hacía toda a mano, durante las largas noches de invierno, por toda la familia. El trabajo se realizaba sobre una larga mesa de cocina y en platos enlozados, a los que se les decían platos chacareros. A cada uno se le daba una bolsa de semillas para separar los granos buenos, sin picaduras, apartándolos de los más pequeños y de las impurezas.

Así se fue multiplicando, sembrando en los otros campos y comenzó a hacerse famoso en los molinos argentinos porque tenía una muy buena calidad. Los campos de esta zona son muy buenos y más en esa época, que eran vírgenes, entonces daban una calidad de trigo que no se conseguía en el mundo. Ese fue el origen del cultivo del candeal en Tres Arroyos y en el país. Y en 1921 la Argentina hizo una exportación a Italia con el nombre de ‘Trigo Vassolo’ y a partir de eso se comercializó durante muchos años y en varios países”.

El reconocimiento

“Al tiempo que se exportaba, en el país era muy requerido para la elaboración de fideos, es más, los compradores llegaban desde distintas zonas en las épocas de recolección y se lo pagaba muy bien. La variedad fue premiada en distintas exposiciones como en Santa Fe, Rosario, Córdoba, Bahía Blanca y Tres Arroyos. Y en 1935 mi abuelo Bautista fue premiado por orden del rey de Italia, Víctor Manuel III, y por intermedio del cónsul italiano en nuestro país recibió la distinción de ‘La Estrella al Mérito’, por todo lo realizado por la familia. Mientras que en 1981 los Vassolo recibimos ‘La Espiga de Oro’ en la Fiesta Provincial del Trigo”.

En 1935 Bautista Vassolo fue premiado por orden del rey de Italia, Víctor Manuel III, y por intermedio del cónsul italiano en Argentina recibió la distinción de ‘La Estrella al Mérito’

El presente

“Las generaciones seguimos haciendo trigo candeal. Lo hizo mi padre, lo hago yo. Pero si bien tuvo bastante auge, después se fue diluyendo porque no era simple comercializarlo. Y en definitiva terminabas haciendo contratos directamente con alguna empresa. Yo lo sigo haciendo todos los años, ahora en un pequeño porcentaje, porque frente al trigo pan tiene algunas dificultades de venta y para lograr un trigo bueno tiene costos mayores, demanda utilización de más fertilizantes, más costos de semillas, algunos problemas sanitarios más delicados. De todos modos, yo tengo convenios con empresas, que saben cómo trabajo, y continúo con el candeal”.

La charla ya roza los 60 minutos de duración, y en un claro sentimiento de pertenencia, Roberto no paró de pasarse de una mano a otra el puñado de semillas. “Es obvio que sigo sembrando trigo candeal por tradición”, dice. “Aunque yo personalmente tengo una gran admiración por todos mis antecesores y continuar con el candeal es una manera de homenajearlos. La forma en que lucharon, se sacrificaron y trabajaron unidos, con los valores familiares intactos. Y consiguieron lo que consiguieron con un puñado de granos… La imagen de los esposos y los hijos sentados todas las noches en una larga mesa haciendo la clasificación de las semillas es la mejor síntesis de familia. Y eso es lo que uno intenta transmitir a sus afectos. Llegaron sin nada, y a puro esfuerzo lograron mucho”, explica en la despedida.

Está muy claro que para los Vassolo el candeal representa mucho más que una variedad de trigo. Al menos para Roberto es una manera de sentir la vida.