En el Día del Agricultor, el recuerdo del ingeniero Héctor Carbajo

Se conmemora hoy en Argentina el Día del Agricultor. Y a modo de homenaje para todos los que dedican su vida a producir la tierra, recordamos al ingeniero Héctor Leopoldo Carbajo, alguien que hizo mucho por la agricultura regional.

 

* Nota publicada en La Voz del Pueblo en mayo de 2005. Carbajo falleció el 1° de julio de 2016

 

 Con muchísima amabilidad, Héctor Carbajo acepta dialogar con LA VOZ DEL PUEBLO, aunque fiel a su perfil subterráneo hace un par de pedidos: nada de fotos y menos aún desea participar de una entrevista formal. “A mi me gusta que conversemos, no tener que estar respondiendo una pregunta atrás de la otra”, dice en el comienzo del encuentro, sentado en el escritorio de su casa, este hombre que se ganó un lugar privilegiado dentro del ambiente agropecuario.

Y por casi dos horas, el ingeniero, ya jubilado hace más de una década y que continúa trabajando ad honorem en la Chacra de Barrow, hará un minucioso repaso de su vida y por sobre todo, hablará con una sinceridad admirable. A continuación, la vida de Héctor Carbajo contada por Héctor Carbajo.

La primavera

“Mi relación con la chacra comienza durante mi secundario, que lo hice en el Colegio Nacional, que en esa época funcionaba en donde está la Escuela Técnica. El Día del Estudiante, como es tradición, se celebraba con un picnic en la chacra, en ese entonces propiedad de La Previsión. En uno de los festejos, el director, el ingeniero Bartolomé Schelotto, nos llevó a un grupo de muchachos a la estación meteorológica, que era lo más llamativo que tenía la chacra. De ese grupo, varios fuimos a estudiar agronomía, entre ellos estaba Alfredo Orfanó, por ejemplo”.

“Ya estando en la facultad de La Plata, antes de terminar la carrera había que hacer una monografía final y también una intensificación de prácticas rurales. Y yo la hice en la chacra. Entonces, en el verano del 49 estuve más de dos meses yendo todos los días. Iba en la Compañía de Transporte Caminero, lo que después fue El Cóndor, y a la tarde caminaba hasta Barrow y me tomaba el tren. Cuando se terminó ese período, pese a que todavía me quedaban dar algunos finales en La Plata le pregunté al director si no había posibilidades de trabajo para mí”.

Carbajo junto al ingeniero químico Manuel Deán al cumplirse el 50 aniversario de la creación del Laboratorio de la Chacra

“En ese entonces la agronomía era mucho menos popular que hoy día. Uno se recibía y después veía que podía hacer. Y por el mes de octubre recibí en La Plata una llamada del ingeniero Schelotto que me dijo que tenía una posición para trabajar de ayudante en el campo experimental, pero que iba a figurar como peón rural. Lo que hoy sería un contratado. Así, el 31 de octubre de 1949 empecé a trabajar en la Chacra”.

Con cama adentro

“Como aún me faltaban dar cinco materias, tenía que estudiar de noche. En ese entonces se trabajaba de sol a sol y todo el personal vivía allá. Recién nos íbamos los sábados al mediodía. Recuerdo que por aquellos años, en la chacra había dos vehículos: un jeep, en el que andaba el director, y un Ford modelo 37, que había sido de La Previsión. Pero nosotros subirnos a esos vehículos, ni soñando. Al campo experimental íbamos y veníamos caminando. En esa primera etapa estuve cinco años, hasta que por razones políticas me tuve que ir”.

“Me pidieron la cesantía porque no me afiliaba al peronismo, ni hacía luto, ni iba a las misas. No era que yo tuviera afiliación política, simplemente me negaba a tener que afiliarme para poder trabajar. La cuestión es que en 1954 me tuve que ir. Había presentado mi renuncia, pero no me la aceptaron, porque lo que querían era exonerarme e inhabilitarme para trabajar en la administración pública para siempre”.

“Era perseguido por el doctor Campano, que era senador peronista y el mandamás del partido acá, y por su hermano, que decía ser empleado del ministerio de Asuntos Agrarios, pero que no hacía absolutamente nada. Gracias a una intervención de un político amigo del director de la chacra logré que me aceptaran la renuncia. Y me fui a trabajar a la Cooperativa La Segunda de La Dulce. Allí estuve dos años, en ese interín cayó Perón y reingresé al ministerio, en la Chacra Experimental de Iraizos, en las afueras de Miramar”.

El regreso

“Luego de dos años se creo INTA, llamaron a concurso, me presenté, gané y empecé a trabajar en Bordenave, en el partido de Puán, donde estuve 12 años. De mis cinco hijos uno nació en Miramar y los otros cuatro en Bordenave, tengo un muy lindo recuerdo de esa etapa. Hasta que se hizo un concurso para la dirección de la Chacra de Barrow”. “Orfanó me avisó, me presenté, lo gané y me vine. El concurso se llamó porque INTA había firmado un convenio con la Provincia para la chacra de Barrow. Así regresé, era el año 1969, asumí el 10 de junio. En ese momento había dos técnicos, uno era el ingeniero Víctor Pereyra, y otro el ingeniero químico Manuel Dean. La estación estaba muy desmantelada porque hubo todo un período de indefinición entre INTA y la Provincia hasta llegar al acuerdo y esas idas y venidas no sirvieron más que para deteriorarla”.

En el 90 aniversario de la Chacra se designó con el nombre de “Ingeniero Agrónomo Héctor Leopoldo Carbajo” al salón de reuniones del sector de Extensión y Desarrollo

“Cuando asumí me di cuenta de que había que vencer un montón de cosas establecidas. Era evidente que ese sistema tan chacarero, sin horarios, ya no iba más porque uno lo que conseguía era los tipos sin destino. El que tenía alguna condición quería trabajar en una forma más orgánica. La otra cosa era que el personal vivía en la chacra, lo cual fijaba un límite a la posibilidad de expandirse y era notable que faltaba mucha más gente. El argumento era que tenía que haber sereno. Me acuerdo que una vez me peleé con un ministro. Le digo: ‘¿Usted duerme en el ministerio?’, ‘yo soy el ministro’, me dijo. ‘Ah sí, yo soy el director de la chacra, no tengo porqué dormir acá adentro ni porqué hacer de imaginaria. Tengo que tener sábados y domingos porque tengo familia, hijos’, le contesté… Había concepciones muy arcaicas. Y se debía incorporar un montón de gente joven”.

La cooperadora

“Afortunadamente, por idea de un ministro de Asuntos Agrarios creamos la cooperadora. Eso sucedió en noviembre de 1969. Participaban de la cooperadora todas las cooperativas de la zona, que en ese entonces eran muchas más que ahora, y las sociedades rurales de la zona. Entonces lo que se formó fue una cooperadora de instituciones”.

“Teníamos mucho respaldo porque las entidades trabajaron en serio. Además nos permitió utilizar los recursos que generábamos, porque antes la plata ingresaba a rentas generales de la Provincia, pero con la creación de la cooperadora, el dinero comenzó a ir a sus arcas. A veces recibimos una donación o un subsidio, que también lo manejaba ella, que es una entidad con personalidad jurídica, con auditoría, con todos los controles habidos y por haber. La cooperadora fue un acierto”.

“Y además ayudó a comprometer al medio con la institución. Porque muchas estaciones del INTA están como ensimismadas, la gente que trabaja en ellas son buenos técnicos, muy trabajadores, pero si lo que ellos hacen sirve o no, o trasciende o no, no les preocupa. Si pueden escribir un trabajito y que se lo publiquen, ya se sienten realizados. Pero a uno le pagan para que trate de resolver problemas y que las soluciones lleguen a la gente. Porque si yo resuelvo una dificultad pero la dejo guardado en un libro, no resolví nada en medida que no trascienda. Entonces creo que la interacción con la cooperadora ayudó a la gimnasia de que uno está trabajando para el medio, no para la satisfacción personal de uno. El objetivo es servir, es brindar elementos para que la actividad se realice mejor o para que el  producto de la actividad que hace la gente tenga más valor”.

La familia

“Fui director de la chacra hasta 1984, pedí mi reemplazo cuando me faltaban uno meses para cumplir 16 años al frente. Había algunas cosas personales que me indicaban que tenía que desentenderme. En esos años todavía no existía la facilidad de comunicación que hay hoy en día y eso hacía que uno tuviera que tener una movilidad permanente. Debo haber hecho un millón de kilómetros, de acá para allá… Eso me produjo un desgaste, y además tengo cinco hijos, mi señora tenía problemas de salud…”

“Ya no me acuerdo cuándo me jubilé. Pedí la jubilación, cuando me salió avisé, pero nunca dije que me iba a ir de la chacra. Después de algunos años fui y le pregunté al director si podía seguir yendo…”

“Yo descargaba toda mi responsabilidad de padre en mi señora, que era la que estaba todos los días con ellos. Y se empezaron a complicar las cosas. Me costó mucho tomar la decisión y ahora me doy cuenta de que tendría que haber renunciado a la dirección antes. Creo que no es bueno haber estado tanto tiempo porque uno ya lo transforma en una aventura personal, es como que se termina apoderando de eso y además todas las cosas necesitan renovación”.

“En el período de director no tenía tiempo de investigar porque la chacra no tenía la estructura administrativa que tiene ahora. Había un empleado administrativo y yo. Entonces hacía de todo, escribía las cartas, pagaba las facturas, enviaba la correspondencia, los fines de semana hacía las mediciones meteorológicas junto a un mozo que todavía trabaja en la chacra. En una de esas, yo estaba en una reunión, y decía: ‘Me tengo que ir a hacer la medición, ya vuelvo’. ‘Vos tenés una mina’, me decían mis amigos… Las mediciones hay que realizarlas tres veces por día, y no se podía dejar de hacerlo. Yo reconozco que castigué a mi familia. Trabajaba y trabajaba. No tenía otra forma de divertime que esa, qué aburrido, no…”

¿Jubilado?

“Ya no me acuerdo cuándo me jubilé, deben hacer como 14 años. Pedí la jubilación, cuando me salió avisé, pero nunca dije que me iba a ir de la chacra. Después de un tiempo fui y le pregunté al director si podía seguir yendo, ya habían pasado unos cuantos años… Ahora voy muy pocas horas, iré como muy temprano a las 9, me vengo a las 12, vuelvo a las 14.30 a veces más al verano me quedo hasta las 19, si no 17.30 estoy de vuelta. Hago algunas cosas que si le sirve a la gente que está trabajando en serio me pongo contento. Y si no le sirve, bueno, por lo menos a mí me entretuvo”.

“Estoy en el mismo lugar que cuando me jubilé. Hasta hace un tiempo le ayudaba a la colega que está haciendo mejoramiento de avena, Liliana Wehrhahne, que para mí es como si fuera una hija, la vi casarse, tener los hijos, tengo muy buena relación con el marido. En este momento estoy resumiendo la información meteorológica de la chacra. Estoy tratando de analizar de otra forma la información que está allí archivada. Para mí la Chacra es un hijo más, es mi segunda familia. Pero Bordenave también fue muy importante, porque allí formé mi familia, me fui con un hijo y volví con cinco”.

¿Vacaciones?

“En referencia a los premios que me han otorgado creo que todos han sido en general muy generosos. Para mí los más valiosos son los pergaminos que me dieron los compañeros de trabajo cuando me fui o cuando dejé de ser director. Esas cosas son las que valen. Soy un profesional común y corriente, no soy algo fuera de lo común. El mérito mío es haber sido perseverante, y haberle dedicado muchas horas al trabajo. Y respecto a los que me atribuyen cambios fundamentales en la chacra, yo digo que el que realizó una renovación total fue Julio Catullo. El modernizó el manejo de la cosa, le dio otra dinámica y con él la chacra se insertó plenamente dentro de INTA”.

“Yo me puedo vanagloriar por la perseverancia y la dedicación… Un día después de varios años que me había jubilado me llegó un sobre del INTA con una liquidación que tenía que ir a cobrar al Banco Nación. Era porque en mi legajo figuraba que me había tomado vacaciones una vez en los 12 años como director. Por eso soy totalmente consciente de que castigué a mi familia”.

“Ya está, te conté toda mi vida. Andá que seguro tendrás cosas que hacer”.