Pelusa, dueño de una pasión indomable

* Nota publicada en La Voz del Pueblo en febrero de 2009. Antonio Santa Cruz falleció el 12 de julio de 2017

 

Micrófono en mano, el necochense Mario Ezcurdia no dudó en hacer un alto en la animación de una de las jornadas de Jesús María para comentarle al público que en una de las tribunas se encontraba “Antonio Santa Cruz, el de la tropilla Los Tigres de los Médanos, de Micaela Cascallares”. Y a Santa, que no lo esperaba, lo invadió la emoción. Que reconocieran su presencia en la fiesta más grande que se regala la doma cada año fue algo muy fuerte, y que no se olvidará jamás.

Pasaron cuatro años del episodio, pero todavía se le humedecen los ojos al recordarlo.

“Toda mi vida estuve relacionado con los caballos, con las domas y con la tradición. Pero recién en 2008 pude ir a Jesús María. Y me pareció hermoso todo, es el festival más grande de América, es el acontecimiento máximo. Hacé de cuenta que es lo mismo que para un fanático de Boca o de River haber podido ir a la cancha. Yo cuando entré al campo sentí una emoción muy grande. Y más cuando el animador me saludó”, cuenta Antonio, que tiene una trayectoria de 35 años en la doma y que se ganó un lugar en el mundo de las jineteadas.

“Esto hay que llevarlo adentro, si no listo… Yo paso mucho tiempo del día con los caballos. Les doy de comer, agua, los acomodo, los tuso. Me encanta, no me aburro de estar con ellos”, asegura. Y se lamenta que “en los campos cada vez se ve menos gente a caballo. Es más, cada vez se ven menos caballos. Por acá en Cascallares es difícil encontrar uno”.

“¿Qué significa el caballo para mí? Para mí es un símbolo, es como la moto para el motoquero. Si me falta el caballo me falta todo”

Cuando escucha que hay mucha gente que no sabe andar a caballo, se sorprende y molesta. “Da lástima que hoy a las vacas las manejen con tractores o cuatriciclos. Pero es así, contra la modernización no se puede. Yo, en cambio, monto casi todos los días”, asegura.

“¿Qué significa el caballo para mí? Para mí es un símbolo, es como la moto para el motoquero. Si me falta el caballo me falta todo”, comenta como para que no queden dudas de que son la pasión de su vida.

Hombre de campo

Nacido y criado en Ramón Santamarina, partido de Necochea, hace 63 años, Santa vivió hasta los 15 años en la misma chacrita donde fue parido. De muy chico empezó a dar una mano en el pequeño tambo familiar, en el ordeñe y en el reparto con el sulky de las botellas de leche.

En 1969 dejó sus pagos para empezar a trabajar como puestero en la estancia Huinca Loo, en Orense. Luego se desempeñó en Villa Carucha, un establecimiento ubicado entre Claromecó y Lin Calel. Dos años después se mudó a Quequén Sur y en 1981 compró la quinta en Cascallares y se estableció allí.

“Siempre anduve a caballo. A los 13 años ya andaba corriendo unos petisos en Santamarina. En 1977, cuando se pararon las carreras, decidí empezar con las domas”, recuerda. Fue estando en Villa Carucha que decidió fundar su tropilla. Con un solo caballo, pero muchas ganas, nació Los Tigres de los Médanos. El nombre se lo puso su suegro y tenía que ver con que la caballada estaba en la zona de médanos del campo.

“La primera doma la hice en San Francisco de Bellocq. Fui pidiendo caballos hasta que pude tener los míos. Pancho Aramberri me ayudó mucho prestándome varios”, cuenta Santa. “El caballo no se puede preparar para la doma, tiene que nacer para eso. Tiene que ser malo. Es una cuestión genética. Uno se da cuenta apenas lo ve si el animal sirve o no para las jineteadas”, dice.

El método de reclutamiento de caballos para la tropilla fue cambiando con el tiempo. Así como hasta hace unos 20 años era común que Antonio recorriera los campos de la región buscando caballos “malos”, hoy esa práctica se perdió. “Una porque hay muy pocos caballos, y otra porque hay mucha gente en el negocio y enseguida se los llevan para otros lados”.

Por eso, Santa ya no busca animales de afuera sino que se nutre de su propia cría. “Hoy tengo unas 20 yeguas y unas 20 crías, porque casi todas me han parido, entonces voy reponiendo todos los años. Por ahí, si me conviene, vendo algún caballo. A los míos los vienen a buscar para otra tropilla. Porque gracias a Dios hemos hecho una buena trayectoria”, afirma con satisfacción.

Aquellos tiempos. Santa en plena jineteada en 1980, en la Sociedad Rural de Necochea

A diferencia de otras épocas, la posibilidad de filmar las domas posibilita que los jinetes estudien a los caballos que van a montar; “antes eso no existía, hoy en cambio, te buscan todas las vueltas que puede tener el animal”. Antonio entiende que “las domas ahora son más un show, y todos van únicamente por la plata, no por el hecho de montar”.

Y hablando de montar, se van a cumplir 28 años de la última vez que Santa Cruz participó de una jineteada. “En 1984 dije dejo, y dejé. Pese a que a uno las ganas le vienen siempre. Pero cuando te retirás, ya no podés volver. Porque te queda la experiencia, pero te faltan las ideas. Yo tengo versos de hace 30 años hechos por el Chango Gonzáles, que dicen ‘cuando le tocó caer su estampa cayó parada’, porque era muy ágil para caer parado. Tuve mucha habilidad en eso”, asegura el creador de Los Tigres de los Médanos, tropilla que en mayo de 2012 cumplirá 35 años.

Como consejo, explica que “cuando vas arriba y el caballo te la puso complicada, las riendas son lo último que tenés que largar. Porque vos con ellas te acomodás, en cambio, una vez que las largaste, ya no hay nada que hacer”.

El Careta

Antonio ha tenido muchos caballos, “y muchos buenos”, asegura. Hoy si tiene que elegir a uno se queda con El Careta. Fue por ese animal que hace unos ocho años le ofrecieron casi 15.000 pesos. Pero él se negó a venderlo. “Era muy buena plata”, reconoce. Aunque andando bien sabe que El Careta puede producir varios billetes. En las domas actuales de la zona los premios pueden llegar hasta los 9.000 pesos.

“Las domas son un buen negocio si andás mucho, por todas las zonas. Pero no es mi caso, que significa un aporte a mi economía”, explica Antonio, quien tiene algunas pocas vacas y un camión de cereales para intentar engordar la billetera.

En 1977 y con un solo animal, Antonio Santa Cruz fundó su tropilla “Los Tigres de los Médanos”, que se convertiría en una marca registrada en el mundo de la doma en la región.

En la quinta de Santa no es necesario que haya plata de por medio para organizar una doma. “El nieto y los otros chicos viene montan casi una vez por semana. Así vamos probando los nuevos caballos que tenemos”, comenta.

Así fue que una vez terminada la charla con Santa, su nieto Ceferino y un par de amigos palenquearon tres yeguas y las montaron. “No hay como las domas del patio de tu casa”, dice el tropillero, embelezado con la escena.

Remates

Otra actividad que disfruta Antonio es ser uno de los jinetes que todos los años, en los remates de cabaña, se encarga de llevar a los toros de los corrales a la pista. “Ese es un lindo trabajo. Lo único que te matan los nervios, porque hay que moverse con mucha coordinación. Mucha gente te está mirando y hay una persona con un micrófono que te llamar la atención. Es una responsabilidad muy grande”.

En la despedida, Santa vuelve a mencionar lo bien que la pasó en Jesús María. Y sobre todo, “la satisfacción que me dio que las cámaras tomaran el cartel que llevamos de Cascallares. Porque si bien no nací acá, me siento bien local. Y a todos lados que voy me gusta que nombren a Cascallares”.

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El Zorro y el amor propio

“Tengo el privilegio de decir que al Zorro yo lo monté, pero por montarlo. Por amor propio, no por plata”, explica Santa. “Anduve bien, aunque el caballo me golpeó arriba, en la nariz, me fracturó el tabique. Pero yo lo anduve muchos metros”, recuerda con orgullo. Santa Cruz montó al emblemático caballo en una doma que se organizó en 1982 para recaudar fondos para la guerra de Las Malvinas. Antonio además de no cobrar un peso por montar al Zorro, prestó varios caballos de su tropilla para que se pudiera realizar la jineteada.

“El caballo tuvo su historia y yo no creo que haya otro que lo equipare”, dice. En la foto, Santa y su nieto Ceferino posan junto al Zorro, que ya estaba viejo y cansado de tanta jineteada.