Una asociación con fines de lucro

Hacer ganadería en campos agrícolas no es una misión imposible. Sí exige eficiencia, inversión, pasión por las vacas y entender que son actividades que se complementan, no que compiten

 

“Dentro de nuestro esquema, el 25% de la superficie siempre está destinado a pasturas. No lo cambiamos por más que pase lo que pase con las políticas o los precios de la carne y de los granos”, dice Andrés Lebeck.

“La ganadería y la agricultura potencian el negocio. Estoy convencido de que no es una actividad o la otra, sino que las dos pueden convivir muy bien”, asegura Alfredito Podlesker.

“Nosotros tratamos de convivir con la agricultura y hacerla también en función de la hacienda. Pero por eso necesitamos darle valor agregado a lo que hacemos en ganadería y así fue que pegamos un salto fuerte en lo que es pedigree, que es otro valor comercial”, describe Mariano Castro.

“Yo estoy en Arequito, la capital de la soja, pero a mí me gustan las vacas. Y en base a trabajo y selección logro que convivan porque tengo cinco vacas por hectárea”, explica Norberto Molinari.

A los cuatro productores dueños de las frases de arriba los unen varias cuestiones. La primera y principal, su pasión por la ganadería, que es la base para entender el contexto desde dónde hablan. La segunda, tienen sus rodeos en campos de muy buena aptitud agrícola, en Tres Arroyos, Coronel Dorrego y la santafesina Arequito. La tercera, son ganaderos de punta, que invierten y hacen un culto a la eficiencia. La cuarta, forman parte de Rústicos, con el valor agregado que implica integrar la organización que se ha transformado en sinónimo de calidad genética y garantía.

 Valor agregado

Tener los rodeos pisando hectáreas agrícolas obliga a los productores a ser muy eficientes y tener bien aceitado el manejo ganadero. Esto es, trabajar bien en todas las etapas, lograr complementarse con la agricultura y mantener un plan de inversión para incorporar genética superadora y mejorar los números de la producción. Suena lindo y fácil, pero no es tan simple. “Hay que lograr que funcione un planteo sencillo, y eso a veces es complejo”, explica Juan García, el director técnico de Rústicos.

“La realidad es que hacer ganadería en suelos agrícolas es un poco complicado porque siempre competís con los márgenes agrícolas. Pero haciendo un muy buen aprovechamiento de las pasturas, con verdeos, y usando todos los rastrojos que te van dejando los cultivos de cosecha, la complementación se logra y es exitosa. Y el negocio funciona”, cuenta Lebeck, que junto a su familia produce granos y carne en La Costera y Tres Montes, explotaciones en la zona de Copetonas, y una de ellas termina en el mar.

“Pese a los vaivenes del país y de la economía, nuestra base siempre es la misma: hacemos 25% de pasturas y el resto se divide entre fina y gruesa. Aunque un año puede parecer que un negocio es mejor que otro, no nos movemos del esquema, priorizamos una planificación que nos permite tener cierta estabilidad”, agrega el productor que cuenta con un plantel de cerca de 3.000 madres.

Estabilidad, eso es lo que destaca Podlesker cuando le preguntan por qué tiene vacas en un campo ubicado en el corazón de Cascallares. “La ganadería nos permite tener un sistema estable. Y eso es lo que uno busca en cualquier negocio, lograr una estabilidad para que sea algo de largo plazo. Para nosotros la ganadería potencia a la agricultura, y la agricultura potencia la ganadería”, indica.

“Soy un apasionado de esto, y tengo mi rodeo en un muy buen campo, todo en base a alfalfa y silo de maíz. Acá hay cinco vacas por hectárea, es de la única manera que puedo competirle a la soja”, cuenta Molinari

“La clave es aprovechar el potencial que tiene el campo, fertilizando bien y teniendo altas producciones, que es lo que se busca. Eso es lo que te permite rotar, mejorar el control de malezas y financieramente es muy importante. La ganadería es como tener una compañía de seguros, porque es la te salva ante un problema climático que pueda tener la agricultura, por ejemplo”, explica.

“La presión de la agricultura es una realidad para nosotros y los precios de los commodities nos tienen muy acotados. Pero eso lo que hace también es que estemos permanentemente apostando para hacer una mejor ganadería, mejorando las instalaciones, invirtiendo en cadenas forrajeras. Acá no podés parar”, dice Mariano Castro sobre cómo se vive la producción en el campo ubicado en el kilómetro 569,5 de la ruta 3, en Coronel Dorrego.

Desafíos

Norberto Molinari casi que es mirado como si fuera un perro verde en Arequito. No exagera cuando dice que tiene vacas donde nadie cría, de hecho, sus excelentes toros son comprados por productores de otras zonas porque en un radio cercano a La Maricel no hay vientres para preñar.

“Soy un apasionado de esto, y tengo mi rodeo en un muy buen campo, todo en base a alfalfa y silo de maíz. Acá hay cinco vacas por hectárea, es de la única manera que puedo competirle a la soja”, cuenta este apasionado de la hacienda, que heredó ese amor de su padre y que desde hace más de 40 viene trabajando con Angus.

“Yo hago la ganadería con la mejor tecnología, como se hace la agricultura. La única diferencia es que la vaca te obliga a trabajar mucho más. Si sembrara todo con soja tendría más tiempo libre, pero yo soy más feliz con las vacas. Me gusta esto, ver cuando un ternero nace, cómo se cría, cómo se desarrolla y después llevarlo a una exposición. Esa satisfacción no te la quita nadie”, asegura.

Más allá de los gustos, las pasiones y las herencias, la ganadería es una actividad comercial y los números le tienen que dar en verde. Y si es en campo agrícola, más fuerte tiene que ser el verde. “Estamos en zonas buenas y si tenemos una vaca o una vaquillona tenemos que competir hoy contra la vedette que es el maíz. Entonces hay que producir cuatro o cinco vaquillonas de un valor genético extraordinario para ganarle. Esto te obliga a un desafío diario”, resume Juan García.