El agrónomo descendiente de ucranianos que describe el horror de la guerra

Su bisabuelo se embarcó para la Argentina para huir del asedio de los rusos. “Todo lo que está pasando ahora es solamente una versión de lo que pasó 100 años atrás”, cuenta Rodolfo Tkachuk, integrante de CREA

 

“Lo que más le gustaba de la Argentina era que había paz y no guerra”, dice Rodolfo Tkachuk, un ingeniero agrónomo, asesor y coordinador de CREA en la región Santa Fe centro. Rodolfo habla de su bisabuelo Maxim, que con 18 años huyó de la guerra junto a su esposa María Spaciuk y una oleada de inmigrantes que escaparon del asedio de los rusos y se establecieron en Apóstoles, Misiones.

Invasión de Rusia a Ucrania

Ahora, después de 125 años de aquella huida, las nuevas generaciones de los Tkachuk ven de cerca las consecuencias de la temible guerra que cercena a millones de familia por estos días, así como sucedió con ellos hace más de un siglo y que hasta la fecha sufren las consecuencias de la invasión de Rusia sobre Ucrania.

Rodolfo Tkachuk

“Mis bisabuelos vinieron con una de las primeras multitudes de inmigrantes que llegaron a la Argentina en 1897. Mi bisabuelo Maxim se vino por el mismo tema: la invasión rusa”, contextualiza el agrónomo que vive en Esperanza, Santa Fe. A Rodolfo y su familia el conflicto actual entre Rusia y Ucrania los toca muy de cerca, dado que fue el motivo por el que sus antepasados se desintegraron y tuvieron que emigrar hacia la Argentina tras las constantes invasiones.

“El problema que había ahí era que estaban cansados de las sucesivas incursiones del ejército del zar ruso (Nicolás II), que venía y arrasaba con todo. Era un momento en el que el Imperio Austrohúngaro estaba retirándose de una zona que estaba bajo su influencia. Entonces, esto ya era tierra de nadie y los rusos hacían a sus anchas. Esta historia de las invasiones rusas a Ucrania lleva más de 800 años”, extiende.

Su bisabuelo paterno, Maxim, junto a sus familiares, vivían en el Oeste de Ucrania, en una región cerca de Lviv, donde se dedicaban a la agricultura. Junto a ellos también vinieron Juan Kuzyczyn y su esposa Catalina Daynko, quienes fueron sus bisabuelos por parte de su madre. Con el correr de los años la familia ha mantenido vivas sus tradiciones. Su papá, Rodolfo, falleció en 1997, pero nunca se alejó del lugar que eligieron sus antepasados para vivir en paz. Ahí trabajó en una empresa que produce té y yerba mate, en Misiones, y que ahora es parte de Rosamonte.

La tierra prometida

La Argentina de principios del siglo XX era el imán del mundo. En aquel momento Estados Unidos estaba cerrado a los inmigrantes por una epidemia de fiebre amarilla, y un cónsul en Viena que se encargaba de promocionar por todo el Imperio Austrohúngaro a la Argentina los motivó a viajar acá. “Se ve que habían llegado a donde ellos vivían y les dijeron que existía la posibilidad de venir a América. En ese momento, el gobierno facilitaba el acceso a tierras y para cualquiera que era agricultor y que tenía la posibilidad de salir de la guerra, ir a la Argentina era la gran oportunidad y el imán de los inmigrantes. Así fue como decidieron venirse”, relata.

La familia de Rodolfo trabajando en Apostoles, Misiones

Sus familiares embarcaron en el puerto de Hamburgo, Alemania, desde donde partieron hacia Buenos Aires con la ilusión de dejar atrás la tensión y el miedo por las constantes invasiones.

“La historia de mis bisabuelos y todo lo que está pasando ahora es solamente una versión de lo que pasó 100 años atrás. Mi bisabuelo se lo contó a mi abuelo y mi viejo a nosotros. Cualquier descendiente de ucranianos conoce la historia de las constantes invasiones rusas y todo lo que pasaba. De hecho, estábamos muy contentos porque Ucrania empezaba a ser parte del mundo nuevamente y estar en libertad”, se lamenta.

Lo que diferencia ahora a la guerra de lo que sucedía hace más de un siglo es que con el avance de la tecnología todo se puede seguir minuto a minuto. “Ahora lo podemos ver por WhatsApp y YouTube, pero esto pasó siempre. Siempre hubo innumerables tragedias de sufrimiento para el pueblo ucraniano. Justo en un momento en el que Ucrania ya se había vuelto un país democrático, que estaba empezando a hacer todos los esfuerzos para ingresar a la Unión Europea (UE) porque son muy distintos a los rusos”, sostiene.

Para él, que tiene una alta influencia ucraniana, asegura que ese pueblo generalmente tiene otra visión del mundo muy distinta a la de sus vecinos. “El ucraniano se siente parte de Europa, por eso están peleando con la energía que lo están haciendo ahora”, enfatiza.

Conectarse con sus raíces

Entre 2013 y 2019, exactamente 116 años después de que su bisabuelo se fuera de Ucrania huyendo del asedio de la guerra, Rodolfo pudo viajar a ese país. En dos de sus visitas tuvo la oportunidad de recorrer gran parte de Kiev y varias regiones que lo ayudaron a conectarse con la tierra de sus ancestros.

“Es muy lindo y da mucha pena ver que esté siendo destruida de la manera en que lo están haciendo estos animales. Yo tenía previsto ir a Lviv, y ni bien llegué hablaba con gente que me decía automáticamente: ‘ah, tu apellido es de aquella zona’. Me dijeron que por ahí de mi familia no debe quedar nadie”, narra.

Los viajes que hizo fueron por cuestiones laborales con CREA, y que por azar del destino lo conectaron con sus raíces. “Emocionalmente fue muy fuerte y muy lindo. Yo fui a dar una charla de siembra directa. Estuve en una exposición similar a la Rural de Palermo, donde hay agricultura y ganadería; fui a visitar campos y productores a través de algunos convenios. Pero después viajé mucho tiempo a Georgia y volví a hacer escala en Kiev y me tomaba tiempo para recorrer. Fue lindo encontrarme con todo lo que me contaban”, resalta sobre el trabajo que hizo en donde hablaba de los agronegocios en la Argentina, de los que estaban muy interesados en Ucrania.

“Siempre tuve ganas de ir y se dio de que pude mezclar el viaje con el trabajo y aproveché, me organizaba para recorrer un poco”, añade.

Si bien, parte de su intención era encontrarse con alguien o algo que lo ayudara a conectar con su sangre, a lo largo de los años las tareas de búsqueda se han vuelto inasequibles. Su temor radica en que como en esa zona sus habitantes eran agricultores, gente de campo, que se convirtieron en las primeras víctimas del Holodomor, el genocidio ucraniano de la década del 30, producto de la gran hambruna que devastó ese territorio. Por eso, Rodolfo cree que ya no debe quedar nadie ni nada de lo que un día fue.

“Por todo esto hoy, cuando uno ve la energía con la que están peleando los ucranianos en la calle, no es que es de ahora, sino que hay toda una historia de resistir a la invasión rusa, que está muy grabada en la gente”, especifica.

“Se vinieron por riesgo de vida. De hecho, poco tiempo después hubo masacres tremendas, con lo cual ellos vinieron para huir. Mi bisabuelo decía que se venían a la Argentina porque había paz. Después, todo lo demás, se arregla. Ellos vivieron felices con eso, que pasaban uno o dos años y no tenían que ir a combatir a una guerra y eso les parecía fantástico”, ejemplifica sobre la tranquilidad que tenía en la Argentina.

Los amigos que combaten en la guerra

A él, como a millones de personas a lo largo del planeta, la guerra lo toca de una manera muy fuerte y particular. “Todos estamos muy movilizados. Tengo amigos allá que están combatiendo y tenemos WhatsApp a cada rato. Amigos que conocí a través del trabajo. Uno de los chicos era un traductor mío allá y ahora está combatiendo en las calles de Kiev. Tengo contacto con él todo el tiempo, me manda fotos de sus hijos durmiendo en el sótano. Pero él era un profesional que trabajaba en una universidad, tiene otro trabajo”, señala.

Asimismo, aclara que su amigo, en cierta forma está preparado, dado que en Ucrania el servicio militar es obligatorio.

“Todos estos que están como civiles armados es la reserva que hizo el servicio militar y que ahora han sido convocados. Aparte, están todos como voluntarios; muchos han ido a Polonia a dejar a sus esposas e hijos y han vuelto a combatir”, relata. No obstante, el miedo de todos y también el de Rodolfo está puesto en la inferioridad de condiciones militares de Ucrania, que no piensa rendirse y podría tener consecuencias devastadoras para la humanidad.

Por Belkis Icela Martínez | Agrofy News