Recomendaciones para elegir el verdeo adecuado

En fechas de siembra tempranas la avena tiene mejor comportamiento, sin embargo el raigrás se lleva el primer puesto. El informe de Agenda Aapresid

 

Los verdeos de invierno, como la avena, raigrás anual, cebada, trigo o triticale, se caracterizan por producir forraje de buena calidad y cantidad, concentrado en un período corto de tiempo, que normalmente suele coincidir con el período de déficit en la oferta de alimento. Es así, que se los considera un eslabón estratégico de la cadena forrajera.

De cara a la siembra de verdeos 2022, Agenda Aapresid inició el mes de marzo de la mano de Juan Lus, de PGG Wrightson Seeds, y Alberto Balbarrey, socio Aapresid perteneciente a la Regional Tandilia. Los invitados compartieron criterios de elección de especies según cada situación y de manejo. También abordaron el análisis de la rentabilidad de los verdeos de invierno, un aspecto que inquieta a muchos.

Pautas para la elección

Cuando se planifica sembrar un verdeo de invierno, hay varias cuestiones a tener en cuenta para elegir la especie: “La región del país, el momento en que se necesita el forraje, la disponibilidad de agua y la evolución de las temperaturas, entre otras”, señaló Lus.

Uno de los factores a considerar es el nivel de tolerancia o sensibilidad de la especie al calor, lo que va a marcar la posibilidad de sembrar de manera anticipada y tener disponibilidad de pasto rápidamente. Sin embargo, Lus advirtió que “hay que empezar lo más temprano que se pueda sin excederse, porque puede ocurrir un golpe de calor o puede darse una inducción temprana, si el frío demora en llegar, comprometiendo la calidad forrajera”.

Por ello, si se apunta a sembrar antes, se debe asegurar que la especie forrajera tenga un ciclo largo o necesite una mayor acumulación de frío, para no correr riesgos.

En el “ranking” de tolerancia al calor, y por lo tanto a siembras anticipadas, la Avena Strigosa se posiciona a la cabeza, “siendo posible sembrarla a mediados de febrero por ejemplo, aunque esto implique sacrificar un poco de calidad y de producción”, aclaró el especialista. Luego, vienen las avenas amarillas, “que son más tolerantes o más duras de florecer anticipadamente”. Sigue en la lista la avena blanca y por último el raigrás anual.

“En lotes más restrictivos, como los de Benito Juárez, no es posible implementar verdeos y allí dependen del agropiro. Mientras que los lotes con mejor aptitud agrícola, como los de Rauch, Ayacucho, incluso Tres Arroyos, son más propicios”, dijo Balbarrey

Para este último, “la fecha ideal de siembra ronda en la primera semana de marzo para la región templada. Esto permitirá entrar a pastorear luego de los 50 a 60 días, aproximadamente”, detalló.

Comparativamente, si bien la avena permite sembrar temprano con menos riesgo de impacto térmico, “el resto de las batallas las gana el raigrás”, aseguró Lus. “Esto se debe a que tiene mayor potencia de producción y existen más materiales con mejor comportamiento sanitario frente a roya, la enemiga de los verdeos de invierno”.

Otro punto a favor para el raigrás, es su buen nivel de producción en años secos y su calidad forrajera más balanceada (proteína soluble/hidratos de carbono solubles) en comparación a la avena. No obstante, ambos cultivos pueden complementarse para aprovechar sus ventajas individuales, “hay que ver dónde ubicar cada caso, en función de lo que se necesita”, insistió.

La experiencia del productor

Alberto Balbarrey es productor agrícola-ganadero de la zona de Tandil y compartió su experiencia en el uso de verdeos de invierno. “En lotes más restrictivos, como los de Benito Juárez, no es posible implementar verdeos y allí dependen del agropiro, batallando con el problema de las tucuras, comentó. Mientras que los lotes con mejor aptitud agrícola, como los de Rauch, Ayacucho, incluso Tres Arroyos, son más propicios para implementar verdeos de invierno”.

“Teniendo un suelo vivo todo el año, el balance es más que positivo. A la soja, girasol o maíz que hago luego del verdeo le sumo los kilogramos de carne que produzco. Con 300 kg de carne pago el verdeo, uso menos químicos y aporto nitrógeno al sistema”

La mayoría de sus verdeos están compuestos por raigrás, avena o mezcla de avena con vicia sobre antecesor de fina (trigo o cebada), lo que les está dando buenos resultados para el cultivo posterior, precisó. “Durante muchos años metimos al suelo bombas de carbono con gramíneas, muy poderosas en cuanto a rastrojo y rendimientos, pero nos faltaba más nitrógeno”, comentó, nutriente que incluyeron de la mano de leguminosas como la vicia.

En cuanto al manejo ganadero, para evitar problemas de compactación, tratan de mantener la carga promedio en torno a 3 cabezas/ha.

Costos, a evaluar la ecuación completa

En cuanto a los costos de las semillas, “si bien la avena tiende a ser más económica, si se considera el gasto por hectárea, la ecuación económica tiende a equipararse”, señaló Lus, ya que “el raigrás requiere entre 20 y 25 kilos/ha y la avena entre 80 y 120 kg/ha dependiendo de la zona y del planteo forrajero”.

Por otro lado, es frecuente la implementación de promociones de raigrás, “es decir la resiembra natural, que permite aprovechar la capacidad natural de semillar y ahorrarse el gasto de siembra”. No obstante, Lus desaconseja esta práctica ya que obliga a tener como mínimo uno a dos años de rotaciones con otras especies para controlar el banco de semillas del suelo.

“Otra cuestión a evaluar es el costo del paquete de herbicidas que se utiliza habitualmente para resetear el sistema y dar lugar a la promoción, y el efecto de residualidad que estos productos puedan tener sobre el cultivo posterior”, advirtió.

“También hay que estar atentos a limitar la primer camada de nacimientos luego de la resiembra, ya que esto le puede jugar en contra a la productividad del sistema. Si no se hace una fertilización posterior y/o un raleo importante, quedan muchas plantas por m2 y el efecto de competencia es muy grande, resintiendo la producción forrajera”.

Por último, Balbarrey, resaltó los aportes intangibles de los verdeos, sobre todo en los campos de agricultura. “Teniendo un suelo vivo todo el año, el balance es más que positivo. A la soja, girasol o maíz que hago luego del verdeo le sumo los kilogramos de carne que produzco. Con 300 kg de carne pago el verdeo, uso menos químicos y aporto nitrógeno al sistema”, concluyó.