Agricultura digital, negocio de precisión

A partir del uso de la tecnología digital, el ingeniero Luciano Piloni logra una mejor ambientación de los campos que asesora, hace un uso más eficiente de los insumos y alcanza una mayor productividad. “Los datos que obtenemos nos permiten generar información para levantar el piso de rendimiento en los suelos someros y no tener techo en los que no tienen limitantes”, explica el titular de AIAgro, que hoy supervisa 16.000 hectáreas en la región

 

La agricultura digital es un camino de ida. Al menos así lo entendió el ingeniero Luciano Piloni, que a partir del uso de la tecnología ha logrado brindar un asesoramiento con valor agregado. A partir de una mejor ambientación de los campos en los que trabaja no sólo alcanzó una mayor eficiencia por el ahorro de insumos sino que también aumentó la productividad disimulando las limitantes de los lotes de menor calidad de suelo y potenciando los que no las tienen.

“Los datos que obtenemos a partir del uso de la tecnología nos permite generar información para levantar el piso de rendimiento en los suelos someros y no tener techo en los que no tienen limitantes”, explica el titular de AIAgro, que hoy supervisa 16.000 hectáreas en los partidos de Tres Arroyos, Gonzales Chaves y San Cayetano.

Luciano comenzó a trabajar en el manejo por ambientes hace 15 años. Lo inicios fueron con maíz y girasol, luego empezó a buscar respuestas en trigo y cebada. Hoy les ofrece a sus asesorados un servicio con valor agregado: con el manejo variable logra un uso más eficiente de insumos, mayores rendimientos y más sustentabilidad

Piloni lleva adelante la agricultura digital en un gran porcentaje de la superficie que asesora y la aplica tanto en los cultivos de fina como de gruesa, en los suelos someros y también en los profundos. Pero la foto del presente, en el que los números indican que es una práctica que tiene todo a favor, es el resultado de un aprendizaje que comenzó allá por 2008, a partir de haber empezado a diferenciar los ambientes de los lotes.

“Arranqué con la agricultura por ambientes en los campos con tosca y con el cultivo de maíz, porque te da respuestas más rápido, y después lo hicimos con el girasol. Son cultivos en los que ves el impacto del manejo ambientado, de las densidades, por el ahorro de semillas, y en el uso de fertilizantes”, explica.

“En los cultivos de fina también empezamos a aplicar el manejo variable en lo que era el uso de la urea. Como el trigo y la cebada ya estaban bien adaptados a la zona, las respuestas son más finitas”, indica Piloni, quien integra la Regional Tres Arroyos de Aapresid.

Todo en una

Con el paso de las campañas y la aparición de nuevas tecnologías el manejo se fue haciendo más preciso. Luciano cuenta que, cuando empezó a hacer siembra variable, realizaba sus ambientaciones utilizando los mapas de tosca que tenía disponibles. Después comenzó a usar imágenes satelitales, índice verde, y las nuevas herramientas digitales que fueron surgiendo.

El impulso más significativo en todo ese proceso de uso de tecnología lo experimentó hace tres años cuando empezó a trabajar con Auravant, una plataforma que a partir del procesamiento digital de imágenes satelitales y capas de información georeferenciada (como mapas de rendimiento, nutrientes, altimetrías) simplifica el trabajo y obtiene una ambientación más precisa que permite optimizar insumos.

“Ahora en una sola plataforma yo tengo cargados todos los campos en asesoramiento, y además de los mapas, registro lo que observo cada vez que voy a recorrer los lotes. Tengo todo cargado en un mismo lugar, malezas, enfermedades, plagas, benéficos”, dice.

“Con la plataforma Auravant lográs diferenciar con precisión las distintas zonas de tu lote según su productividad, para hacer un uso más eficiente de los insumos y obtener el máximo potencial en cada sector”, explica Piloni

 

“Tener todo digitalizado te permite contar con más tiempo para el análisis de esos datos, de esa información. Hoy en día datos sobran, lo importante es el análisis que vos hacés para ver qué información sacas y en base a eso tomar decisiones”, comenta.

“Con la experiencia y la cantidad de datos que fuimos obteniendo empezamos a ver que podíamos lograr otros beneficios y mejores respuestas”, indica. Entonces, en el caso del girasol además de ahorrar insumos, mejoró la productividad de los lotes someros. “Antes apuntábamos a híbridos de potencial medio y a partir de este manejo observamos que en el 30% de la superficie en la que no teníamos limitante, nos generábamos nosotros la limitante de rinde por la genética que utilizábamos. Cambiamos el híbrido y tuvimos un doble beneficio. No sólo levantamos el piso bajando el uso de semillas e insumos en los sectores donde no íbamos a tener respuestas, sino que después potenciamos las partes buenas”, explica.

“Ahí es donde esta tecnología nos aporta el diferencial en el ingreso total, cuando se despegan los rendimientos en los mejores sectores, y así subsidias la partes malas que tenés”, completa.

En la fina

La experiencia también hizo que con el paso de las campañas pudiera mejorar la productividad de los cultivos de fina. “El principal beneficio de la fertilización variable en trigo y cebada es que permite estabilizar los valores de proteína obtenidos al diferenciar las zonas con tosca de las que no tienen una limitante”, dice.

Esto es porque con un manejo fijo, el cultivo se pasaría de proteína en donde hay tosca mientras que disminuiría y se escaparía el rinde en donde no la hay. Claro que entran en juego también otros factores como la variedad utilizada, pero con un manejo variable, según explica Luciano, podemos estabilizar los valores de proteína del cultivo.

“Tener todo digitalizado te permite contar con más tiempo para el análisis de esa información. Hoy en día datos sobran, lo importante es el análisis que vos hacés y en base a eso tomar decisiones”, comenta Piloni

Aunque en trigo no hay un diferencial de calidad tan grande, cuando hablamos de la cebada esto es vital: “El impacto es mayor y posibilita la entrada a un mercado de maltería cuando la parte donde se despega mucho el rinde el valor de la proteína no se cae”. Esto permite alcanzar una diferencia de precio importante por tonelada.

Impacto triguero

“Si bien la siembra variable suele mostrar mayor impacto en cultivos de verano (con hasta 20% de ahorro), pudimos registrar importantes disminuciones también en el trigo: con 8 a 10% de ahorro en semillas y menor necesidad de aplicación de curasemilla, lo que contribuyó también a bajar los costos”.

El manejo variable también le permitió mejorar la productividad del trigo en esos campos con limitantes. “Hacíamos trigos de mediano potencial de rinde, pero de más calidad. Buscábamos el diferencial de precio en ese aspecto. Como no teníamos despegue de rendimiento no utilizábamos la genética francesa”, describe.

“Esta tecnología nos permitió entrar en esos lotes con la genética francesa, poniendo el foco en los sectores buenos y dosificando en las partes malas. Así aumentamos el rinde un 20%: pasamos de 4.000 kilos de promedio a 5.000”, indica.

En la costa

Al no tener una limitante tan marcada como es la tosca en los campos continentales, en la franja costera le llevó más tiempo a Piloni capitalizar el manejo variable. “En los suelos con tosca el impacto positivo llega por el ahorro de insumos primero, y por potenciar los ambientes buenos después. En la costa, los sectores malos de los lotes no superan el 15% de la superficie total, entonces el ahorro de insumos no te impacta en el número final”, analiza.

“En esos campos lo que estamos haciendo es ‘superpotenciar’ los sectores buenos, sacarle el techo. Entonces, en el 30% del lote, donde está el mejor suelo, aplicamos tecnología para lograr maíces de 16.000 kilos, por ejemplo”, comenta.

Y si de rendimientos se trata, los números de la agricultura por ambiente dan todos en verde. “En maíz pasamos de 10.000 kilos a 11.500 o 12.000 de promedio; en cebada, de 4.800 kilos a 5.500; y en trigo de 4.000 kilos a 5.000”, asegura.

Está claro, entonces, que es un camino de ida.